Me preguntás. Indagás. Ahondás. No puedo responder. Te escribo. Sí, tu risa franca, cálida, amplia. ¿Viste que tus colmillos son un poquito más largos que el resto? Debería asustarme tu vampirismo, pero tiene demasiado sol. Sí, tu nobleza, esa palabra te queda, esa cualidad es tuya. Confío: único camino para abrirse, ostra que se parte al medio, perfecta, y devela una perla, una posibilidad. Sí, tu mirada que te muestra todo el tiempo, eso lo sabés? Es gracioso, puedo verte pensar. Puedo ver en tus pupilas incógnitas, exclamación, temor, locura incendiada, asombro inacabable, como olas inabarcables, te veo sorprenderte como un pestañeo del cuerpo, como un titilar extremo. Y tus ojos color mar de cielo despejado, verdes y azules se mueven, un poco dorados, eso la orilla de arena, y arriba, un celestor implacable. Sí, tu atrevimiento, tu entrega, uno lleva a la otra, sí, quebrar lo conocido, sacarse las telarañas, desperezarse de un largo sueño... Sí, te vi despertar, te vi frotarte...