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Mostrando las entradas con la etiqueta Subterráneo

subterráneo 3

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(viene de subterráneo 2) Mi audiencia principal es adolescente, de todas maneras. Quiero ser una heroína adolescente siendo yo misma una adulta no reconocida o reconocible. El ascensor nunca viene, excepto cuando estoy cerrando la puerta de nuevo porque olvidé algo (50% de las veces). Dos veces salgo, dos veces, a veces, vuelvo a subir. Dos veces me arrepiento de volver a salir. Me entretengo pensando excusas creíbles y he llegado a ser una gran pensadora de excusas que nunca utilizo. También afirmo que la credibilidad no está en el discurso. ¡Eso es absurdo! Es el decir lo que cuenta, el tono, la expresión. Por teléfono, las pausas y las leves inflexiones, el respirar, eso es lo fundamental. Odio llegar tarde, y sin embargo, el 70% de las veces “llego tarde”, “estoy llegando tarde”. Siempre hay una brecha de tiempo en la que no sé si llegaré puntual, justo sobre la hora, o simplemente, tarde. Corro, me agito, aunque no tengo dónde correr: Corro, me agito. Mi...

subterráneo 2: despertar

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Me levanto a las 5 am. Tambaleo hasta el baño. Prendo la luz y entre los reflejos, las lagañas y la hinchazón, veo una cara rota. “El agua limpia todo” me digo, pero sé que no es así, porque la inútil lluvia que cae apenas me moja entera. Debo girar, ahogarme. Debo ser Ofelia si quiero que algo cambie la mañana que todavía no empieza. Está oscuro, aun cuando salgo. Pienso que es mi última oportunidad, antes del canto de los pájaros, antes del primer rayo luminoso en el ventanal, en el balcón. Todo está quieto y silencioso hasta que prendo la radio, la computadora, la llama de la cocina. De nuevo frente al espejo, pienso que tengo que hacer magia. Tapemos acá, coloreemos allá, realcemos un poco, soñemos, imaginemos, sonríamos!!! Me repito una editorial de Cosmopolitan, un aviso cosmético, un episodio de Sex & the City o Boston Public. Yo puedo ver la grieta, ¿pueden los demás? Es mi gran puesta diaria, mi serie interminable de escenas que protagonizo, sin bril...

subterráneo 1

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Yayoi Kusama en el MALBA, km 2013. Salgo. Atravieso la puerta de la torre de 28 pisos donde vivo. No es exactamente el afuera lo que me espera, sino la zona intermedia, el inmenso “zaguán” parquizado y cercado del edificio. Es el área del desastre climático. El tiempo invertido en mi arreglo y portada literalmente vuela . La disposición de las tres torres forma un triángulo mortal donde el viento se embolsa y sopla con fuerza rugiente, devastadora. El huracán, el tornado. En general, uso pantalones o polleras ajustadas. No hay espacio para la imaginación erótica de la atenta vigilancia. Sí hay lugar para las risas contenidas. Yo misma me voy riendo cuando salgo, una risa morbosa y autodestructiva, el yo que me habla sin parar y proyecta la imagen del mí misma azotada, vapuleada por el ventarrón. Roto el espejo, ya no sé qué imagen queda. En ese trayecto siempre invento historias o meros argumentos, germinales, sin desarrollo. Posiblemente, nunca crezcan y queden ahí...