Juego de verdad



Te leo, te siento, no te parece
que este juego puede ser
peligroso?
Escribo esto, inmediatamente lo cuestiono:
la ironía me deshace los temores
derrite grandes verdades como icebergs
la ironía es el cambio climático de la afirmación
Entonces te escribo, decía, te leo y te siento
¿cuál es el peligro? 
no saber dónde termina esta página?
¿escribir hasta salirme del renglón, del margen, seguir escribiendo hasta punzarte con la punta
de esta lapicera que no quiere frenar
enloquecida?
Seguir escribiendo hasta que la pantalla sea papel y el papel sábana que te cubre y entonces
emerja tu piel
y no haya más para taparse, para ocultarse sin ser, envuelto en la mortaja de  una tela que dicta movimientos y calificativos, ciertos verbos sí, ciertos verbos no?
Seguir escribiendo hasta que la lapicera sea mi dedo y en el roce devele que los hielos están cayendo, que adentro hay fuego crepitante, naranja en ebullición, una catástrofe de vida que estalla?
Hablás de sueño y realidad.
¿Dónde ubicarías lo que leemos?
¿Acaso no estás ahí? ¿No paseaste por esas calles de París con perfume a libros antiguos, no encontraste una joya de mil tomos en Madrid y la abandonaste porque cómo dejarías a la ciudad sin tesoro?
¿No pasaste tu mano por una hoja que te acariciaba en un idioma extraño y lo entendiste, cabalmente comprendiste cada imagen, cada sensación?
¿No caminaste hasta que los ojos querían cerrarse porque lo visto había que degustarlo como una combinación de especias únicas y había que concentrarse en la lengua, cada partícula de sabor una cajita infinita que se abre y descubre otra otra otra y otra más?
También yo cierro los ojos, estas letras se hacen en una proyección de teatro chino.
Cubierta en párpados, te veo clarito.
Caminás sin detenerte hasta los mojones de libros. Sos extranjero, pero los libros se abren para vos como lugares de descanso. Te hablan, y en el oído son murmullos de bosques, una naturaleza que se desprende de lo urbano y te abraza. París retrocede hasta la petite ville, Londres es Devonshire, Madrid es Toledo vaciada de turistas, a esa hora en la que nadie permanece porque los fantasmas de cientos de años se desperezan y empiezan su día.
Ves los castillos, las piedras cómo se asoman en las paredes, rugosas, amasadas por el tiempo, percudidas por tantas manos tantos dedos que las huellas dactilares se superponen como marejada de caracoles en la orilla.
Nada de esto te asusta. Lo etéreo te sienta bien, no hay fantasma ni monstruo que te desconozca. En las madrugadas de Buenos Aires sabés viajar y acercarte a ellos como bestias temerosas, inofensivas  si sabés del miedo bomba que late en ellas: que alguien grite que no existen, que alguien en esos parajes de sueño se quede ciego y defina:
        Esto es Real.                        Esto No.
Cierro los ojos, te veo clarito.
Cada vez más, casi puedo estar en ese tiempo pasado que no se evapora, que sucede en la membrana más interna, estoy, sí
camino con vos
te laten los músculos, la sangre hace trayectorias de caballo desbocado
camino con vos
estás vivo
tanto que es un doler de cada transformación celular
tanto que es la euforia de sentir cada órgano
musical el cuerpo no piensa
se coordina solo y vamos
te veo clarito
caminás hasta que al aire hay que agarrarlo con las manos
como uvas, manzanas o duraznos
caminás hasta que la ciudad se borra
caminás hasta el castillo y un jardín secreto
caminás hasta que me leés y respondés
ni siquiera eso
desde el comienzo, sin ironía
estabas escribiendo
yo recibía esas cartas que eran páginas
armaba un refugio de libros 
ése es mi juego
de verdad
y siempre es peligroso. 

Ahora el país de hielo se derrumba.
La primavera me desacomoda los ojos abiertos.
Veo en múltiples planos. Ya no ironizo lo que corto cada vez que pestañeo.

km. 2016

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Te veo ir de un lado a otro

diario de internación 1: la salida

Hoy vi Grey´s Anatomy