Dedicatorias #98. Un reversible perfecto



Escribirte como escribir un diario: como si fuera posible compartir la vida, traducirla, desgajarla en oraciones, hacerla sintagmática.
Escribirte como manera de tocarte cuando no te toco, cuando no te puedo tocar. De pronto, es una presión perfecta ya que lo imposible es lo que obliga a la escritura, llenar el abismo que hay cada vez que salimos a la calle y el sol nos encandila, cubrir con letras que se apilen como si fueran de juguete, ese pozo que surge alrededor de nuestros pies y nos separa, casi nos mueve en direcciones opuestas, y no puedo ni verte alejándote porque es necesario que mire hacia adelante para no caer. Sabés qué? Lo único que quiero es darte la mano, rozarte con mi brazo, sentir tu presencia cálida que me ilumina y me entibia. En lugar de eso, casi no te saludo y nos vamos, nos vamos lejos de nosotros a un mundo no compartido pero que de tanto en tanto me hace pedazos, me inquieta, enfría triste a mi corazón.
Escribirte porque es la única manera que sé cuando me doy contra la pared y la pared se me viene encima en derrumbe y temo que me entierre. Y lo que más temo es estar viva bajo esos cascotes, seguir intentando respirar, seguir, cuando hay casi nada.
No puedo parar de escribir: se revoltija todo, estoy volcando mares de sensación, antítesis de ideas, algo que se llama social me aprieta como una piedra en los zapatos pero me los saco y la piedra está incrustada, me duele caminar entonces y a la vez no me puedo detener. Toco mi cara: es como si estuviera revestida de otra. Cara sobre cara la máscara nace y se afianza, crece y es más y más fuerte. Sabemos que la piel cubierta durante mucho tiempo se lastima, se llaga y muere. La máscara es paradójicamente la desaparición de la cara, lo más es lo menos, aunque claro, a la vista hay más, mucho más, como preciosa porcelana blanca, lisa y brillante.
Escribirte, escribirme, escribir. 
Descubrir que los infinitos (verbos infinitivos) finalmente se conjugan, que amor es un sustantivo y como tal, es demasiado. Pero si te digo al mar, vamos al mar, me decís que sí con tu mano que busca la mía, en ese momento nos almamos, hacemos un verbo que se juega completo: almar, y somos: un reversible perfecto.

km. 2015

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