Dedicatorias #85. Trizado de corazón


Todavía seguimos acá, me decís.
Sí, es cierto.
No puedo creer que se me parta el corazón y todavía haya mundo. No puedo creer que Beatriz Viterbo se haya muerto y el tiempo pase, las cosas cambien, no, las personas cambian aún más, gira el planeta. Borges no lo puede creer, por qué yo y él se murió, corazón destrozado.
Quiero cosas, te digo, como si hubiera algo material en todo esto. Nada. Está todo en el cuerpo. Adentro lo llevo, aunque rebalse por los poros el amor, aunque el deseo ilumine mis ojos y mi andar saque chispas. Quiero cosas (impreciso, pero cierto; quiero momentos habría debido decir). 
Todavía seguimos acá.
Y lo próximo descreído que me viene es
Dónde?
Dónde estamos? En la tierra? Me importa tres carajos. En la vida? Bueno, qué afortunada soy, somos, sí, entes vivos, también las plantas y los crustáceos. En esta relación? Bien, nadie habló de eso. Relación qué es. Estamos relacionados? No. Podría afirmar que no. Nos unen las letras, pero con Borges y Beatriz también me unen las letras, y no estoy relacionada. No correspondo. 
Dónde estamos?
Acá viene perfecto lo que te conté de los deícticos, te acordás? Esas palabras-valija, esas palabras vacías. Podría decir estamos Acá. Es verdad. Porque un Acá es incuestionable cuando dos hablan (y uno también, porque uno nunca es Uno, uno es algunos, muchos, pedazos). Y ya está. Te lo resolví: todavía estamos acá no? (Puedo seguir: en esta línea temporal presente que no sabemos a dónde va porque es ay, presente inexorable, continuo, presente que amanece y muere hoy, presente, vivamos, mañana no hay, ayer tampoco, presente-estoy-estás' y entonces?
Se puede morir caminando en presente, se puede destruir un corazón Acá en Presente y  el muy hijo de puta sigue y la reputa que te parió reputo corazón)
Sí, seguimos acá.
Hoy, quizás, no tuve un buen día. Tengo que aprender a ser un poco más como todo el mundo: ya va a pasar, mañana viene, otro ineludible, por lo menos tenés salud, el corazón está sobrevaluado, digo, la metáfora, sí, pongámonos de acuerdo, el amor cuesta demasiado, sí, la verdad, como dice mi tía apurate, pasalo y ya está. Sacátelo de encima, literal, la patriarca de la familia transmite su slogan, su sabiduría milenaria de todo por dos pesos: sacátelo de encima. Todo: sacáte de encima la facultad, el trabajo, el novio, el casamiento, los hijos, el esposo. Sacátelo de encima. Ya está.
Vos sabés? En el fondo, muy en el fondo, si eso pudiera ser verdad, lo compro. Me lo saco de encima y listo. A otra cosa mariposa y todas esas burradas del sentido común.
Te juro, lo intento. Quiero ser normal, quiero que leer un libro no implique una revolución interna que me transmute completamente, que escuchar música por la calle no sea tan trascendental. Que escribir me dé igual, que me lean me dé igual, que me amen o me odien me dé igual.
No puedo.
Me levanto y el sol me parece imposible, una estrella tan brillante, me digo, cómo me acaricia. Y veo a una persona y saltan sus brillos, y sonríe y sonrío y le muestro un sueño como un elefante de peluche, absurdo, pero sin embargo simpático. Me sirve el truco. Pero sabés por qué? Porque me lo creo y lo defiendo a muerte: papá noel existe y el país de las maravillas también. Existen los unicornios y los objetos siempre te hablan. Las paredes te escuchan y los monstruos se esconden en los placares, en los espejos y en las cajas de zapatos. Las medias se pierden porque hay una que es más rebelde, más paseandera y le da miedo el cajón. Como a mí.
Me da miedo casi todo.
Sentir tanto: esta intensidad que me tensa, me electriza, me renueva.
Me da miedo que estemos acá y no sepamos dónde. Me da miedo que las palabras sean cáscaras vacías cuando yo las paladeo como salmones. Me da miedo un te amo mentiroso porque no puedo entenderlo porque te amo es te amo y ya está. Porque te amo sí es presente y es cada día y es un cuerpo, un corazón que llevás.
No sé de qué hablábamos. Hace noches que no duermo. En el insomnio hay imágenes que rellenan la realidad, que amplifican el estar.  Hoy me gustaría dormir.
Tengo un agujero en el pecho. Hoy, si estuvieras, te sorprendería lo maltrecho de mi latir, lo apabullado, lo esporádico. 
No sé dónde estamos. Tengo frío y hambre y no pude comer. Caminé al rayo pleno y los escalofríos me daban piel de pollo. 
Hoy quería un rato con vos.
Hoy no se pudo. 
Hoy quiero terminar para sentir que es posible juntarme de nuevo.
Hoy se rompió un corazón. No hay manifiestos. El dramatismo es estereotipado, de una cursilería atroz. Hoy estamos acá (¿?). Y es posible que mañana y pasado y más allá...
Hoy
Nada
Mañana
tan trillado
Sin corazón

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