Dedicatorias #78. Al-mar

Esto escribiste para mí, esto soy para vos?
Tan hermoso que inmediatamente me vuelvo niña, niña de viaje, mirando por la ventanilla, siempre soñando, viendo pasar los árboles, dejándome encandilar por el sol, niña en mi cuerpo, vibrante con la velocidad, con el viento, con el cielo. Niña que dibuja la ruta porque de mis ojos se vierte el amarillo de las rayas sobre el gris. 
Llegar al mar: la gran ilusión.
El mar es la música que acuna bestias, desentraña piratas, alumbra tesoros. Es el rugir relumbrante de la erre, esa fuerza que desprende mi lengua desarmada, que exhalan mis oídos cuando tu cuerpo y el mío se adhieren como si fueran troquelados, como si recordaran una amarra que les permite navegar, seres marinos en ola perpetua, sincronía de ondas, de miembros, desbarajuste de pelo y piel.
Llegar al mar: asombro de primera vez cada vez.
Sentir todo de nuevo, cada palabra, con vos. Aprender español de cero, que brille este idioma que se opaca de conquista y tradición, se desluce por uso vano, rutinario, perla ahogada. Pronunciar cada sonido, cada sílaba con mi boca en la tuya, decir primero tu nombre, que me llene cada espacio adentro, que resuene y rebote el vocativo de tu ser en mí, llamarte con todo mi cuerpo, sonar soñar completa, llamar es llenarme de llamas también, arder en el aguamar, tu aliento en el mío, mezclar respiraciones y acentos, nuestros vientos nos mueven, agitarnos como un elixir poderoso, ése del amar, a la mar llegamos, almados naceremos: nuestros ojos despiertan y sonríen, acaracolados en la orilla de los cuerpos abrasados.

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