Dedicatorias #66. Enterarme


Quizás mi única posibilidad sea el destierro. Irme. Me decís muchas veces no sé lo que digo porque no lo entiendo. Repito palabras en otro contexto, las adivino, intento aprehenderlas. Pero están mal. Me miran mal. Y ahí, justo ahí, en ese pequeño punto, mínima rendija, ahí, instante fugaz, estoy segura: te amo. Soy extranjera, ya desterrada de mi propia lengua, y ni siquiera. De este río de la plata tan marrón que no se entiende, y sin embargo, esperá, fijate: un amanecer puede ser puro relumbrar líquido. Hay que buscarlo, el río se disimula, como si hubiera pudor en tanto relucir anda disfrazado. Aturdida, me escondo de este brillar, amar, con miedo. Hace rato que vivo apartada de lo que llaman Norma. Ni norma, ni alicia, ni juana, casi no hay karina. Me dijiste lo que siento, lo escribiste, es tu sentir el mío, y sí, estoy acá, y no es mi tierra y no es mi nombre y no es mi lengua. Sos extranjero natal, lo supe, lo soy. Es un ombligo de nacimiento: atado raro, la madre ida, enloquecida, leche y lengua para desconfiar. Crecimos igual. Fuera de registro, hicimos lo que pudimos. Pudimos no habernos encontrado. Pude, es verdad, haber desechado la intuición de tu lengua enrarecida. Pude refrenar la curiosidad, el deseo: hay otro igual? Pude. Pudimos ignorarnos. Quisiste advertirme. No había necesidad. Pude negarme. Ya no. Estoy afuera de lo que fui. Yo era. Mi voz cambia. Quiero cantar en una lengua que desconozco, que me infiltrás con risa. Desterrarme podrá ser una manera de no enterrarme, de enterarme que pese a las ciudades de bloques hay canto rodado, río de plata, un amor como alhaja que relumbra, una lengua que dice sin hablar.

km. 2015

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