subterráneo 2: despertar


Me levanto a las 5 am. Tambaleo hasta el baño. Prendo la luz y entre los reflejos, las lagañas y la hinchazón, veo una cara rota.
“El agua limpia todo” me digo, pero sé que no es así, porque la inútil lluvia que cae apenas me moja entera. Debo girar, ahogarme. Debo ser Ofelia si quiero que algo cambie la mañana que todavía no empieza. Está oscuro, aun cuando salgo. Pienso que es mi última oportunidad, antes del canto de los pájaros, antes del primer rayo luminoso en el ventanal, en el balcón.
Todo está quieto y silencioso hasta que prendo la radio, la computadora, la llama de la cocina.


De nuevo frente al espejo, pienso que tengo que hacer magia.
Tapemos acá, coloreemos allá, realcemos un poco, soñemos, imaginemos, sonríamos!!!
Me repito una editorial de Cosmopolitan, un aviso cosmético, un episodio de Sex & the City o Boston Public.
Yo puedo ver la grieta, ¿pueden los demás?

Es mi gran puesta diaria, mi serie interminable de escenas que protagonizo, sin brillo y sin líneas trascendentales. 

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