El punto ciego

El apunte sobre el presente lo destroza, como si arrojara una piedra a un estanque calmo, tan liso como un espejo. O me tirara yo de cabeza a una piscina prístina, peinada recta por el aire inmóvil. De inmediato, es pasado. No, no viviría nunca de esa manera. No se trata de una oración condicional o personal. Quiero decir: no se puede vivir así: escribo una línea: no estoy ya en el tiempo. Como si fuera lanzada a-fuera del presente? al futuro? pero eso dónde está? La plena incertidumbre. El pasado es lo que acaba de pasar, (anterior a la coma, al punto, a la piedra, a la cabeza) ni siquiera puedo darme vuelta a mirar, es al costado, un poco más atrás, imposible verlo. Lo hallo pegado, no tengo ángulo de giro, no hay perspectiva. El punto es ciego. Ese intersticio donde sucede lo inapresable, cunde el resplandor, la maravilla o la tiniebla. Ahí lo que no se dice, lo que no sé, no encuentro palabra. Te excavo, punto-pozo-ojo, meto la mano, una y otra vez, me hundo. Ahí el corazón invisible, de agua. Late, como un mar. 
Escribir un diario de viaje es perderlo.

km. 2018

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