diario de internación 1: la salida



Sábado 24 de junio de 2017 (y días subsiguientes que no voy a fechar porque no importan, hay cortes pero no son por días, son flujos de letras interrumpidos por el alimento, el sueño, la necesaria conexión con un entorno humano)
Escribir: a ver si puedo. Contar. Decir algo que valga la pena. Una escritura registro de lo que se ve y de lo que no. Una escritura cuerpo, hay otra posibilidad? No. Que valga la pena no. Que valga la vida no. El tiempo arremete aunque no lo dejes. No quiero verlo como enemigo, eso es sólo consecuencia de un pensamiento racional. Si la escritura es cuerpo, no es sólo el mío, que está de muestra acá, está de paso. Hay una línea invisible que me enlaza a otros nombres, a otros cuerpos, a una sucesión de vientres, lugares, historias, comidas, olores. Acentos, como el de mi apellido, paradójicamente agudo en italiano. Un acento, un tono enfatizado, puede alterar todo, y es una partícula mínima. La presión indicada. 
Escribir: a ver si puedo. 

(escribo en un hermoso y pequeño cuaderno artesanal que me regaló Gaba en el sanatorio. Gaba es escritora, juega a veces a otras cosas, y le sale bien. Como escritora chamana que es, debe su apodo a Gabo, y a un viaje a uno de los corazones de la poesía, que es Medellín. Gaba rompió a llorar cuando estábamos sobre el cielo de Cartagena de Indias. “Su lugar”dice ella. Calor, piel tostada, ojos de niña, voz que puede cambiar rápidamente de frecuencia hasta de pronto estallar en una risa que resuena en los huesos. Gaba me da el cuaderno con pétalos y papel mate reciclado, ese que parece hecho de pelitos, cubierto con una bolsa rosada y un moño blanco. Nos abrazamos. El cuaderno dice “es amando, solo amando”. Ay, Gaba, justo a mí me decís esto! Empieza a leerme algo de una poeta uruguaya que tradujo a un poeta checo. El paisaje es helado. La uruguaya cuenta cómo no entendía nada y llegar a la clase de checo temprano a la mañana es un suplicio. Cierro los ojos. Veo montañas de nieve hechas hielo, pinos agitados por el viento, agujas en la piel. La traducción es imposible, y por supuesto, cómo no aprender checo e intentarla? Sonrío pensando que algunos idiomas nos dan la ventaja de lo exótico. En cambio, los más parecidos nos dejan frente a una palabra que se ve transparente y se cierra como una ostra. Pienso en Fer, en el francés de niña con lujo de tristeza a disposición de Anne Dufourmantelle, pienso que traducir te muestra a cada momento un límite y es un ejercicio de humildad, paciencia e investigación policial, donde cada palabra es una femme fatale sospechosa. La voz de Gaba sigue leyendo. Soy una frágil poeta uruguaya de nombre extraño que hunde sus pies en la nieve checa, mis dientes castañean, tiemblo. Suena el teléfono. O eso fue después. La joven médica de rulitos y anteojos irrumpe como un timbre que me devuelve a cronos, Acabo de fimar tu alta. Veo como la nieve desaparece por un hoyo y no puedo creer que voy a caminar por la calle).

km. 2017, Diario de Internación

Comentarios

me encantó la descripción de este tránsito. Y de los caminantes a tu lado.
Un beso
aa

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