Alguien que no sos vos


Alguien que no sos vos me invita a cenar. Alguien que no sos vos, enmarañado de celos, quiere imponerse en la salida, no me deja ir, me están esperando logro decir, pero me retiene un discurso de amor dirigido a otro. 

No estamos donde tenemos que estar.

Alguien que no sos vos me abre la puerta del auto, la música se trepa a mi cuerpo, me posee, me abraza, alguien me recibe con sonrisa y destello en la mirada -no sos vos- me pregunta a dónde quiero ir, de qué tenés ganas.

Me escucho responder que vamos por el plan original, ese que intempestivamente surgió, lluvia de verano anticipada -no estamos donde tenemos que estar- vamos a ese lugar que preparan mariscos, me encanta la propuesta y para adentro pienso qué exótico el fruto de mar, qué textura tan sexuada, qué sabor tan intenso -como el tuyo, pero no es- un perfume inevitable de profundidad de arena, de viento salado, de tintas oscuras que se esparcen en la lengua como olas -te acordás de tu mano en mi vientre y vos convocando olitas, capitán de mi cuerpo extasiado, yo incrédula, te dejaba hacer- me bañás completa en aguamar, me lamés.

Alguien que no sos vos me conversa tan lindo, me hace reír con la historia, le pido más y más, pregunto, me conocés, quiero el detalle porque veo la escena, mientras ese alguien habla lo veo hablar y actuar, con otra vestimenta, con la luz adecuada, en un baño mínimo con una novia atormentada y una botella de whisky, en la tranquera de una gran casa, viento verde, olor a césped y un celular que suena insistentemente, una bomba que espera ser explotada. Ese alguien tiene el corazón roto y reparado, me lo brinda sin especulación -no es el tuyo-, joya guardada que me engalana, que quiero lucir.

Alguien que no sos vos me dice elegí el vino, pero no sé tanto, insisto ése que te había gustado cuál era, miramos otra vez la carta como si fuera un mapa indescifrable y lo es, porque ahí se dispersan los sabores que aún no probamos, las combinaciones arriesgadas, los manjares a los que hay que animarse -qué haré.

Alguien que no sos vos me saca por un rato de este mundo, donde las miserias personales parecen bolsas de basura que nadie quiere levantar y empiezan a pudrirse en la vereda o en la puerta de entrada o peor, al lado del tacho. A mí no me molesta deshacerme de las bolsas, las puedo acarrear, hacer varios viajes, pero no sigas acumulando, no sigas metiendo a presión.

Alguien que no sos vos me corteja, me cuida, me dirige una mirada cómplice, quiere seguir de paseo conmigo y yo también, pero no puedo evitar extrañarte, pensar qué rara es la vida, cómo se las arregla para dejarnos sin articulaciones, en pelotas, pura carne desparramada donde la razón es un relato que armamos para adquirir sentido, porque casi nada lo tiene. Nada. Las cosas, animales, están ahí. 

Alguien que no sos vos, cómo podría serlo, serte, cómo podría. 

Lo sentido en mí permanece: playa onírica mordida, acariciada, orgánicamente desafiada al vuelo, a no apoyarme en esta tierra:
           estoy enamorada, qué desastre.

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