Dedicatorias #95: Equis


Ahora sé tus mulletillas, las incidencias en mi oído de tu pronunciación, la condensación de tu infancia en una selección de palabras, giros, conectores y por momentos una tenue dislocación semántica que nos lleva a territorios blandos donde nos revolcamos de risa y cambiamos sentidos como si fueran chupetines, turrones, bombones, caramelos y chocolatinas. Nos llenamos de sustantivos y adjetivos de la misma lengua, pero fraccionada en mil pedazos como una torta (pastel) de frutilla (fresa) y ananá (piña). Tomá proba de acá, probá en mi lengua que te espera deseosa, mirá cómo suena, cómo vibra, cómo se acomoda en el paladar, cómo quiero decir esa palabra que desata un exclamar que abre tu boca y se brinda para mí. Cómo quiero pelearte en la pronunciación, cómo quiero corregirte y no tener razón, cómo quiero provocarte con mi lunfardo, pibe, chabón, estás re-loco y pasarme rápido al discurso ultra academia y justificar mi delirada postura, arrojarte una sintaxis porque la equis es una gran letra para pronunciar, como repica en el fondo de la boca, casi se traga, pero repica, crece y sale majestuosa, entonces te digo deixis, y me decís prefiero elixir, te subo la apuesta y pronuncio éxtasis, exuberante, exótico, excepcional, extraordinario, así es esto, extraordinario, pero qué es, cómo, seguimos preguntando y por eso todas las xxxxxxxxxx no son triples, son extremas, por qué te oigo indagar y se me hace agua la boca, espero frutillas y ananás, vos traés eso, y mango, lulo, guanábana, maracuyá, esta vez además me lanzás un zapote con zeta, naranja incendio inapagable, irrebatible, y agregamos la zeta para que siga este zig zag de cuerpos trenzados que dan vueltas de formas que bien podrían ser unas complicadas cursivas desorbitadas, de cartas de pasión del siglo XIX o incluso antes, unas relaciones peligrosas desatadas y entrecruzadas como son siempre esas relaciones, éstas. Letras hacemos, sí, con nuestros brazos y piernas, qué escribimos no sé, es en el aire, son lenguas de fuego, de vapor, de gotas que se despeñan por vidrios empañados, cataratas de millones de gotas de sudor que surfean las espaldas, los vientres, los muslos, te recorren el cuello desde el pelo como rocío de madrugada, temprano y refrescante choca con el calor cítrico en ebullición de tu piel, hay un volcán, estamos en él, y todo lo que escribimos se quema, se borra, se desvanece,
                        qué será

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