Dedicatorias #94. En mi boca


Me levanto con tu gusto en mi boca, inquieta, como si te hubiera desayunado; como si en el sueño de la noche te hubiera degustado, mi lengua se despereza insomne, se agita desparramando mínimos y concentrados tic tacs, explosiones efervescentes de sabor, mi paladar se vuelve un parque de diversiones, novedoso y extraño porque nunca antes activado, no así, no como si un recuerdo volviera al gusto, a la lengua que se refresca de impactos de percepción. No pienso recuerdo, no hay memoria, no estoy recordando. No es la magdalena ensopada de té. No hay imagen, no llega aún, todavía no baja, no, no hay nada por ver, va a venir lo sé, es inevitable como un tren suizo o un choque de autos, la imagen, va a venir, emerge, se forja, se proyecta incansablemente, pero todavía no, no. No hay más que un resabio sabroso que me agua la boca. Me levanto para saber si es mi lengua la que no ha despertado, si es mi nariz confusa la que te huele en el aire frío de un otoño que justo hoy se hizo invierno. Aire congelado, inmóvil fuera de la cama, lo camino cortándolo hasta el baño y el cuerpo se me eriza felino, desorientado, asediado de sentir. Trato de que mis pies se contagien de la frialdad inerte de la cerámica, Esto es real, me digo, Esto es real. El baño recién despierto, la cama desalojada, el pasillo a la cocina cargado de libros, las diferentes texturas del piso, Esto es real. Sin embargo, giro, me aseguro, Vos no estás. Las manos, suaves, seguras, me cierran los ojos. Me dicen Ciega. No importa el ambiente freezer, ensombrecido, los objetos escondidos que no logro distinguir pero me rodean, puestos me aprisionan, vigías inmóviles. Los dedos se rebelaron, tomaron el control y recorren mis párpados temblorosos, ansiosos de apertura. Acarician. Esperá, manos y dedos dicen en silencio. Evidente como un hecho te huelo, te saboreo en mi boca, te como, te escabullís en mí. Ahora las manos en mi panza pasean en la playa, dibujan en la arena. El mar está calmo pero siempre ondea. Respiro y la sal condimenta mi oxígeno, marina una esencia a algas luctuosas, vibrantes, verdeazuladas. Te tengo. Mis pestañas se enlazan tiernamente como caracoles que la brisa va mezclando con la arena. Puedo sentir la luz que me atraviesa, amarilla incandescente, tu mano ajustando la mía en un encuentro perfecto, tus ojos en mi cara encandilados. No lo digo ni lo oigo susurrar. Se escribe solo, como si la arena se acomodara muy específicamente:
                            Esto es lo real.

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