Dedicatorias #93. Vértigo

Fuerte me decís.
Sí, claro, fuerte.
Palabra muy frágil, muy chica, como si fuera una mascota precoz de lo que siento, o incluso un huevo entre mis manos temblorosas que se va a quebrar ya. Fuerte es un músculo trabajado, mis piernas que saben de correr o mis brazos que levantan libros, bultos, hijos. Fuerte es un impacto fugaz como un golpe en la boca del estómago o llevarse puesto un poste eléctrico en la calle. Incluso fuerte sería tropezarse con un pozo en la vereda y caer redonda, tendida. Fuerte puede ser una despedida que no calcula tiempos, un insulto, un halago, un chiste en una situación inesperada. Fuerte puede ser la mirada que te ubica en un lugar, te nombra o te desarma por completo, te derrite como una bola de fuego que toma tu cuerpo, te deja deshecha, despojo.
Sí. Fuerte podría ser cuando me tus ojos se prenden a mí  o cuando me agarrás o me besás. Fuerte podría decir que hacés el amor, que me lo das. Afirmar esas oraciones sería como vaciar de sentido lo que me pasa y lo que sos. Entonces: Fuerte No.
Salvaje, brutal, terrible, rotundo, encrespado, rojísimo, arrojado, animalado, arrebatado, anaranjado, picante, ajengibrado, espamódico, sanguíneo, monumental, febril, jadeante, tempestuoso, montañoso, encumbrado, arriesgado, corajudo, enamorado, encantado, revolucionario, caótico, anárquico, acompasado, diacrónico y sincrónico, multifacético, a caballo de heteróclitos dominios, boscoso, arremolinado, en torbellinos incendiado, crujiente y marmolado, dulcísimo y salado, musgoso, acuarelado, espumoso, en nieblas coronado, con lluvia disfrutado, con torrentes, cataratas, temblores empapados, cortinas olas de agua corriendo como potros sin domar, olas de vientre llegando a una orilla que tocada te toca, te abre, te recibe, te revive, te excita una y otra vez, incontables, incansable un calor como sol de mediodía perpetuo, tan cálido y tan amarillo que despierta cada poro del cuerpo, que reclama manos, caricias, besos, oleajes desmesurados que se sintonizan como por arte de magia, arte de cuerpos, miembros transformistas en expansión, planicies completas como playas desiertas donde no dejamos de rodar, acaracolados, en los oídos el mar caribe de tu voz, tibio, penetrando mi cabeza, mi lengua que no sabe qué decir y encalla, gran pez rosado, delfín inquieto, terciopelo asombroso en su suavidad, en su despliegue, en su recibimiento, amarilloverdoso del abrazo apretado escabulléndose entre baldosas, derramándose a mares en las puertas, encandilando ojos abiertos, escándalo de luz, piedra preciosa reflejante, rubí y esmeralda que se parten y en sus roturas proyectan estrellas como espejos recién nacidos, dispuestos a deslumbrar el espacio, anular el tiempo, sorprender al amor.
Fuerte No, che.
Esto es un trastabillar de la frase copulativa, una impotencia de la adjetivación, de la metáfora, un desorden de la poesía, un vértigo del sentir.


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