Dedicatorias #84. Ojos, papel o tijera



Te veo tras el vidrio. Ahora tengo ganas de llorar. Hemos logrado desarrollar hilos extraños, muy finos, que traspasaron lo vítreo y nos conectan como títeres, de qué? De quién? Es el amor lo que nos mueve? Y qué hacer? El vidrio parece impenetrable, a prueba de balas, hachas y piedras.
Parece, me digo.
Lo intentaste? Qué querés?
De pronto a mi lado aparece una tijera. De tu lado también, todavía no la viste. Te la señalo. No querés dejar de mirarme. Te amo, decís sin hablar. La tijera grande, plateada, de extremado filo, está en mis manos. Me pesa como una espada samurai. Cortar estos hilos será desangrarme. Cortar estos hilos será atravesar el infierno del dolor y ver si valió la pena cortarlos. Cortar estos hilos es poner fecha de expiración a este amor, cada día esperar que se acabe, salir con muletas de la cama sabiendo que ni siquiera estarás detrás del vidrio para hacerme sonreír. O no. Quién sabe.
Espero.
No sé bien qué hacer con la tijera. 
Espero.
Te estoy mirando aunque cierro los ojos, los aprieto fuerte, quizás estallen, rompan el vidrio como piedras, mis ojos: piedras para atacar esta pecera, sí, los puedo arrojar, sí, puedo romper todo, querés? Espero, preparada: quizás las esquirlas sean estrellas, suban al cielo y no nos maten.

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