Dedicatorias #92. Precario

No necesito un poema de amor, no necesito nada armado ni artificioso. Solo vos, tu voz. Abrir tu carta hoy y leerte, saber que te pasa lo mismo que a mí, este amor y esta conexión, sólo eso, saberlo aunque lo siento, saberlo porque mi cabeza lo niega empeñosamente, le da vueltas, espera el mínimo resquicio para decir: esto lo estás imaginando, esto te lo inventás solita, esto lo soñás. Pero no, está pasando.
Entre la semana pasada y ésta algo me pasó. Sé que me abrí más y dejé de ponerme trabas porque si no es muy difícil, más difícil. Necesitamos (me refiero a los humanos) meter lo que nos pasa en moldes, estructuras, necesitamos darles un orden. Es así. Pero hay cosas, quizás las mejores, que se resisten. Se resisten a todo. Se resisten porque son. Es. Y eso es todo: pleno, puro, total. Es. Así siento y creo la poesía.
Así el amor, la vida, la muerte. El deseo. 

Y quiero volver a "precario".
Es una palabra que no se aplicaría a una relación, es dura, no es del registro lírico. Y claro, por eso, me gustó. Esa sonoridad complicada del comienzo, pre, esa erre y que parece que va a ir a otro lado, pre es antes pre es un prefijo (pre-determinado por ejemplo), pero no acá. Precario es una palabra en sí y cruje como si pudiera quebrarse. Llega al medio y se apoya en la a, en esa ca, pero se afina enseguida, la i la agujerea, la o muestra su pozo. Precario, en realidad, nunca es el amor. Esa es la paradoja que veo, que siento. Precario es el cuerpo, el tiempo, precario es el mundo que se rompe a cada instante, precaria es la razón que da vueltas y vueltas, que ahorca. Precaria es la palabra que estampa y no fluye. Precario es el nombre que nos dan y rebalsa a cada latido. Precario nunca, nunca, es el amor, este amor.

Besos que te escalan como alpinistas desde los pies para llegar a tu boca.


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