Dedicatorias #45. El lujo de tu fuga

45.
El propósito sería olvidarte, olvidarte en el día a día, olvidarte en el transcurrir de las horas, olvidarte en el minuto que viene, en este segundo, olvidarte ahora. No esta referencia constante a las letras de tu nombre, esta escritura caliente en el aire, carente de ironía, convencida de sus alas, de sus nubes, de su propagación de corazón. No este vislumbre de coincidencias estrepitosas (tomo un libro al azar de la mesa de novedades y tu inicial me saluda satisfecha, segura, sonriente mientras me quedo pasmada; elijo un volumen de los que tengo apilados para leer y resulta que nunca había aprendido que ese autor ruso compartía nombre con vos, lo descubro mucho después, en la cama, ya lejos de la posibilidad de encontrarte, cuando lo agarro para dormirme y entonces examino la tapa: ahí está, poco común, ese apelativo, siento una marea que toma las piernas y sube sube me arremolina el estómago y desemboca en la garganta anudando mis cuerdas, trabando la saliva. Represa a punto de rajarse, contra el paredón de concreto, golpeo, cuerpo absoluto, pesado, golpeo, contra la misma piedra, golpeo, pero no es la misma, no, no, no sé, qué es esto? Qué es lo que tengo que leer? Te escribo y me estás escribiendo, dejás impreso un pensamiento que era el mío, ni siquiera, una ocurrencia, un fogonazo, y ahí está, construido en la pantalla, al pasar, y a mí me estaca el respirar, me nubla la existencia que había resuelto en un aprovisionamiento equilibrado, fructífero, armónico). 
Qué escándalo me parece, qué burla, ser feliz y querer arruinarlo, qué Ícaro inaprendido, qué incendio obnubilado, qué desmesura de boca abierta, incansable, ávida de más y más y más hasta que la saturación de luz sea el lujo de tu fuga.


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