Dedicatorias 11-15

11.
¿Qué pasa que no puedo devolverte el libro?
Ando con él, lo cargo, lo guardo, lo acaricio.
Sí, lo tocaste y respiraste sus hojas, estuvo pegado a tus manos, y yo no.
Yo no.
(parece que existiera al otro lado de la tierra, que fueran mundos paralelos, un agujero impertinente se abre y nos asomamos a la ventana, respiramos al mismo tiempo y nos reímos, respirando de nuevo, incrédulos)

No puedo más. No puedo con esta dedicatoria. No puedo devolverme (volverme a un lugar que ya conozco y está bien, no puedo volver porque soy siempre de viaje, en tránsito, no sé ser fija me desdoblo-desarticulo-desarmo, no puedo desamarme más, desconocerme, cómo evitarme).

Ahora no tengo la fuerza para dejarte ir, ignorarte como habría hecho, suelo hacer.
No puedo dejarme
morir
irme
ya ya
escribir
dedicar una firma
antes de que no pueda
otra vez
más.


12.
No voy a hacer nada al respecto, ya hice demasiado. No voy a tocarte: quizás te deshagas como un castillo de arena. No puedo matarte, desrealizarte así, con un toque, con un dedo. Abstractizarte. Es demasiado fuerte y demasiado poco. Voy a esperar. Voy a escribir mil y una dedicatorias, cada noche, cada lluvia, cada sol que se posa como un soplo de aliento en la cara, voy a escribir, para no morir en el intento.

13.
Es fácil escribirte. Pero no cuando me lo pedís. La dedicatoria no sale porque me derivo. Quiero dedicarte un beso, pero no tengo palabras. La boca sabe, se trata de otra cosa. La mano se relaja, persigue indagar una superficie, recobrar su tacto, sí, dejar la cabeza, apagarla. Apagar la supervisación. Quiero tomarte entero, que me tomes, enlazarnos. Silencio musical.
Suenan las respiraciones, el alma se mueve como plumas en el pecho. Algo eléctrico comienza en la lengua y baja, baja, baja, nace un río de deshielo, rápido, inexorable, cristalino, tan bello su fluir, su risa contra las piedras. El cuerpo se hace agua, es fácil mezclarse, natural y necesario. Son neutros los géneros, lo enamorado es uno siempre, la marca se disuelve, por un rato, todo lo que separaba ahora une, la conexión es de adentro y el afuera no existe.
Adentro, por eso estamos, la conjugación es presente, singular y perfecta. El modo es imperativo, no queda otro, este instante es todo, el mundo es nada, incidente. Adentro nuestro las estrellas bailan enloquecidas y la galaxia es puro estallido. Borboteo, susurro, caricia. Instante. Y eso mínimo, desmesurado hasta la médula, será refugio cada noche antes de cerrar los ojos, y cada mañana, al abrirlos, primera inspiración.

Te dedico este beso que no se puede decir, pero que voy a recordar.


14.
Te dedico mi realidad, mi materialidad. Sí, tengo cuerpo, además de cabeza. Sé que lo viste, que lo espiás a hurtadillas, agazapado, tras el vidrio ventanal. Sin embargo, ver es vacuo. Hay un punto en el que no sabés. Si desaparezco y sigo escribiendo, es igual? Soy real, a pesar de mí, a pesar de vos, a pesar de estas letras. Yo no sé qué pensar. Sos real? 
Todavía no pude olerte. En lo que más confío es en el olor, lo demás se puede fingir. Podés fingir una identidad, una imagen, pero no tu olor. Incluso con afeites: el perfume, cada cual lo lleva diferente, se mezcla con lo que emanamos. Pequeño vapor, nube hecha de respiración, aliento, desprendimiento de poros, cutículas. Cada uno en su humo, espirales diminutos nos rodean, auras de hocico. Espero el choque de cúmulos, la tormenta de la mezcla, el agua que huela a nosotros.


15.
Mi terrible es tu brutal.
Te dedico esta traducción español-español, inspiración thénon. Te dedico este espejo de lenguas que se escudriñan, se miden, se besan. Recorrer con la lengua cada parte del cuerpo para saber cómo se llama todo de nuevo. Será, probablemente, terrible. Generar un cuerpo doble, bífido, acoplado, en perpetuo goce. Un mapa erótico que hace zoom sobre nuestras cosquillas más recónditas, las olas internas que nos envuelven y el equilibrio se va al piso, al buceo de la sábana y la desnudez. Renombrar el codo, la rodilla, el lóbulo de la oreja mientras el oído se altera azorado por la respiración y los susurros. No entender nada, quedarse asombrado ahí, en la Tierra Nueva del No Saber, del Sí, quiero, Sí, no-me-importa-más-que-esto-que-sucede-acá-ahora-con-vos-y- estas-manos-trenzadas, estos cuerpos que se a b r e n:  

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