Camino a Santa Rosa, La Pampa.


26 de mayo de 2011, 14:45, camino a Santa Rosa, La Pampa.

Hay un bebé que llora intermitentemente. Primero se empezó a colar en la conversación, luego la inundó. Nosotros versábamos sobre niños armados en Guatemala, en Brasil, en casa, por qué no? En las villas miserias de casa. Llegué a Retiro y no vi nada, nada de eso. Me enceguecí buscando el micro, no perderme, llegar al punto donde se espera para salir. Los demás me dicen: “Hay muchísima gente que duerme ahí”, en Retiro (los retirados de la ciudad, los al borde, los que están siempre a punto de partir y no por propia voluntad). Quizás, de alguna manera, también trabajen ahí, en ese restringido espacio al límite de la expulsión. Abren puertas de taxis, de autos, tenés que darles una moneda. Es incierto lo que puede pasar si no. Retiro como lugar para vivir, vivir adentro de una estación (de paso, vivir?). No hay ningún tipo de glamour hollywoodense: Tom Hanks varado en NY la pasaba bomba. En cambio, esto (esta realidad retirada) es como el Once venido a menos (menos, mucho menos y seguí restando). Es como un recuerdo, o algo así, como una foto archivada y vieja: gente triste, cansada, oscurecida, esperando para subir al micro. O no. Una entrada posible en la literatura local (argentina), encontraría el adjetivo “cansino”, probablemente “gris”. Nosotros, hoy, éramos un grupejo colorido, parlanchín, energético. Me gustaría que las estaciones de ómnib(l)us fueran menos locales, como los aeropuertos. Menos “nuestras”, menos grises o amarronadas.
El micro va por tierra, se desliza, se le pega, es del suelo, de la ruta y en ella todo es polvoriento, acigarrillado, pastoso, con olor a desinfectante a veces, con bizcochitos de grasa y bar con baño afuera sin papel, sin jabón y con poca agua (ése es también el baño del micro, ¡qué ficción! ESO no es un baño, prefiero los pastos, que se detuvieran y nos dejaran hacer en los pastos). Hace calor, mucho, irrespirable, ya sea por la calefacción o porque el sol está bien alto, bien despejado el cielo turquesa, y calienta, y te hace preguntarte si empacaste adecuadamente, si la camperota y la lana en general no son un escándalo de abrigo, es más, si es posible empacar bien. No entiendo cómo armar un buen bolso, es un azar. Quizás convenga darse todos los gustos (empacar 4 esmaltes y ninguna acetona, como Vir, para pintarse las uñas en La Pampa!?). Así nada importaría porque vas intrínsecamente feliz con lo que llevás. (Se me hace muy difícil escribir, la resolana me parte los ojos, el movimiento me altera la letra, odio arruinar así este hermoso cuaderno, con una caligrafía tan bamboleante, puntiaguda, nerviosa; no es mía, definitivamente, es de este momento, de esta lapicera extraña, engañosa, que promete deslizarse y no lo hace, raspa, me fuerza y es dura, me lastima).
Estamos en Trenque Lauquen. Es un punto importante, más que los que ya pasamos (9 de julio, Carlos Casares y otros que ni registré). Vamos en el “lechero”, para en todas partes, así que sube y baja gente, valijas, cambia el contenido del micro constantemente. Nosotros, por ahora, permanecemos (eso parece, quizás ya estamos cambiando). Y el viaje se va pasando muy rápido: charla linda, buenos mates, poca comida –eso no es positivo- pero también por eso, más tiempo para hablar. La lengua se mueve rápido, sin intromisiones. Muy linda charla, la disfruto un montón, me encanta escuchar. Cada uno agrega un color con su participación y siento que se arma un tapiz invisible o, en realidad, sutil, tanto que sólo algunos podemos verlo y sólo por momentos. De repente, lo veo claro y hasta imagino frases resaltadas, cambios de luz, de puntos de vista. Puedo recordar muy bien esas conversaciones que probablemente en unas cuantas horas más, olvidaré.
Madrugada: puesta al día con Vir. Repaso familiar y periférico. Últimas novedades, noticias candentes y primeros comentarios jugosos, personales, arriesgados. Situación Pilates y fuera. Un espacio que parecía consolidado, de pronto, cambia por completo.
Mañana: charla grupal con mate de por medio. Hablamos sobre animales. Resulta que Valen “mató” a una pequeña oveja, indefensa (no puedo más que imaginarme a esos peluches minis, todos enruladitos, para bebés). A Ceci los caballos la han tirado y sorprendido reiteradas veces. A Aníbal su perro, que pertenecía primero a su esposa, lo odió por mucho tiempo, lo celó terriblemente y cuando iba a nacer su segunda hija, lo mordió. Mejor dicho, lo desafió (el animal al hombre) y ¡pelearon! (hombre contra animal).
¿Cómo será un casamiento en Brasil? ¿Y un casamiento subacuático? Otras inquietudes que fueron surgiendo (principalmente a mí). Amor, sexualidad y fidelidad entre animales. Perros buenos y perros muy malos.
Accesorios para maquillarse: lo mejor, lo peor.
Mediodía: Almuerzo. Vir se compró un sandwich negro que estaba feo. Por suerte, compramos comida de más. Valen no me dejó dormir, se había despertado y quería hablar. Entonces repasamos su biografía pampeana: sus años de yudoka, su venida a Bs. As., su renuncia al deporte, a esa forma de vida. Su mamá y su papá se conocieron a los 14 años. Cuando Valen era adolescente, se separaron. Hay una calle en Santa Rosa con el nombre de su abuelo: León Nicanoff. Es el mismo nombre que lleva su padre, que lleva su hermano. León, el primero, fue amigo de Bustriazo y de Morisoli. Él también escribía. ¿Qué tal? Vamos a una tierra que dio muchos poetas.
El sol me está molestando demasiado y también estar indispuesta. Qué físico e incontrolable es esto. Qué fastidio.

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